
A lo largo de nuestra vida personal y profesional, para evolucionar, crecer y llegar hasta donde estamos hoy, todos hemos tenido que pasar por distintas etapas en nuestra vida. Hoy ya nadie cuestiona que esta necesidad de evolucionar es mayor, más compleja y más frecuente, por lo que el cambio es inevitable si queremos crecer y vivir realmente la época que nos ha tocado.
Cualquier cambio empieza con un fin, ya que antes de poder hacer las cosas de una forma nueva, hay que finalizar y dejar ir la forma anterior de hacer las cosas.
Hay que desaprender.
Hay que dejar la seguridad de lo conocido para adquirir lo nuevo.
Por tanto, el cambio es inconfortable porque supone una pérdida y nosotros reaccionamos ante las pérdidas y las consecuencias que de ellas se derivan, no ante los cambios en sí mismos.
La pérdida supone la aparición de toda una serie de emociones (miedo, enfado, tristeza, ansiedad…), que hay que gestionar bien para hacer el proceso de duelo y poder seguir avanzando en todo el proceso que cualquier cambio conlleva. Si no gestionamos bien la pérdida inicial, dicho proceso de cambio está abocado al fracaso.
Las claves para gestionar la pérdida cuando afrontamos un cambio con nuestra gente son: