MIEDO, APEGO Y ADAPTACIÓN

Si consideramos que la inteligencia se concreta en la capacidad de dar una respuesta satisfactoria al entorno en el que nos encontramos, podemos considerar que una persona disfruta de una mente saludable y es inteligente cuando es poseedora de las siguientes características:

  • Afronta sus miedos, por lo que es capaz de tirar adelante, buscando los recursos necesarios para salir airoso en cada momento.
  • No tiene apegos, por lo que es capaz de dejar atrás aquello que no le es útil para las nuevas situaciones que tiene que afrontar.
  • Tiene capacidad de adaptación a las diferentes situaciones que se le presentan.

En la situación de cambio constante que vivimos y, con especial incidencia, en nuestra situación actual, estas características son perfectamente trasladables al entorno profesional.

Si queremos “salir airosos”, crecer y desarrollarnos como personas y profesionales, necesitamos adquirir y/o mejorar la capacidad de gestionar y superar adecuadamente los miedos que todo cambio lleva implícitos.

Es humano sentir miedo, de hecho es una emoción necesaria, ya que permite que nos preparemos para afrontar los peligros y aquello que supone un riesgo elevado, pero lo que no podemos permitir es que el miedo nos sobrepase, nos paralice y nos lleve a perder grandes oportunidades o a no desarrollarnos como personas y/o profesionales. Como dice José Antonio Marina, en su libro Anatomía del Miedo, lo que nos hace grandes y nos permite progresar, la imaginación, nos juega, a su vez, la mala pasada de incrementar la angustia y el temor frente a las situaciones nuevas y desconocidas.

Asimismo, necesitamos acostumbrarnos a cambiar nuestros hábitos con el fin de dar respuesta a las nuevas necesidades. Cualquier cambio lleva implícito, no sólo la adquisición de nuevas competencias y conocimientos, sino también la pérdida de competencias, conocimientos y hábitos anteriores. Este hecho implica aprender a dejar ir aquello que ya no nos sirve, aunque nos sintamos cómodos y seguros con ello, aprendiendo a gestionar adecuadamente los procesos de pérdida o duelo que llevan implícitos.

Por último, necesitamos desarrollar nuestra capacidad de adaptación que en  el fondo, se traduce en la disposición de la flexibilidad mental necesaria que nos permite mirar más allá de nuestra realidad inmediata, para poder ser conscientes de la necesidad de cambio, y, por otro lado, buscar e identificar de forma rápida y clara, las claves del nuevo entorno, con el fin de darles una respuesta satisfactoria.

Reedición de nuestro post del 17.07.2009
By | 2016-10-18T12:06:42+00:00 abril 29, 2011|Categories: RRHH|Tags: , , , , |